LAS NUEVAS ETAPAS por Gabriel Olivares
marzo 8, 2026 9:15 am
Hay momentos en los que uno siente que el teatro no es solo un lugar donde se hacen funciones, sino un organismo vivo que respira con el tiempo que le toca vivir.
No han sido meses tranquilos. Han sido meses de pensar mucho, escribir mucho y probar mucho. Y eso, para mí, siempre es buena señal. Cuando el teatro está demasiado claro, demasiado ordenado o demasiado cómodo, suele significar que algo se ha detenido. Y el teatro, como la vida, solo funciona cuando está en movimiento.
En TeatroLAB llevamos tiempo trabajando con una idea que cada vez tengo más clara: el entrenamiento es la base que mantiene viva a la compañía. Las compañías no se sostienen solo con estrenos. Se sostienen con entrenamiento, con investigación y con la sensación de que siempre hay algo en proceso.
Por eso, en estos meses hemos estado afinando algo que llevaba tiempo rondándome la cabeza y que ahora empieza a tomar forma con claridad: el ecosistema de TeatroLAB Madrid.
Tres espacios que se alimentan entre sí.
El entrenamiento.
El laboratorio.
La compañía.
El entrenamiento es el lugar donde los actores y actrices mantienen vivo el músculo. Donde se entrena la escucha, el cuerpo, la imaginación. Donde uno se recuerda a sí mismo por qué empezó a hacer teatro.
El laboratorio es otro lugar completamente distinto. Es el lugar donde se permite el error. Donde se prueban materiales, se levantan escenas, se desmontan ideas. Donde un espectáculo todavía no existe… pero empieza a respirar.
Y luego está la compañía. Que no es un lugar físico. Es un estado profesional. Es el momento en el que un actor, actriz o artista escénico entra en un repertorio y empieza a compartir escenario con un público real, en teatros reales, con funciones que tienen que sostenerse cada día.
Durante estos meses hemos estado organizando este sistema con más claridad que nunca.
Probablemente porque el momento lo exige.
Vivimos en un tiempo curioso. Un tiempo en el que todo parece acelerado, fragmentado y, a veces, un poco histérico. La cultura también lo está. Todo parece necesitar un estreno inmediato, una reacción inmediata, una visibilidad inmediata.
Y el teatro, paradójicamente, necesita exactamente lo contrario. Necesita tiempo.
Tiempo para equivocarse.
Tiempo para ensayar.
Tiempo para que un grupo de actores se convierta realmente en un grupo.
Quizá por eso cada vez me interesa más el modelo de repertorio. La idea de que un grupo de intérpretes pueda ir pasando por distintos espectáculos, distintos lenguajes, distintos autores… pero manteniendo algo en común: un entrenamiento compartido y una mirada común sobre el escenario.
En este tiempo también hemos estado escribiendo mucho. Algunas obras están muy avanzadas. Otras están todavía en estado salvaje.
Hay textos que nacen directamente del laboratorio. Otros vienen de procesos de escritura más largos. Algunos están muy pegados a la comedia, otros se acercan más al drama o incluso a territorios un poco más extraños.
Pero todos comparten una cosa: nacen para el escenario. Siempre me ha interesado más el teatro que se escribe pensando en los cuerpos que lo van a habitar que el teatro que se escribe solo pensando en la página.
En paralelo, también hemos estado trabajando mucho en algo que parece más pequeño, pero que en realidad es enorme: la estructura.
Cómo se producen los espectáculos.
Cómo se ensayan.
Cómo se financian.
Cómo se sostienen en el tiempo.
Porque una de las grandes preguntas del teatro contemporáneo no es solo qué historias contamos.
Es cómo hacemos posible que existan. De ahí nace también la nueva etapa de TeatroLAB que estamos empezando a poner en marcha.
Una idea muy simple y muy ambiciosa a la vez: crear un flujo constante de espectáculos originales que puedan convivir en repertorio durante los próximos años. No un proyecto puntual, sino una especie de maquinaria de creación continua. Un sistema donde convivan espectáculos más comerciales, formatos más experimentales y también propuestas ambicionas que pongan el foco en el elenco y que nazcan directamente del laboratorio.
Algo que se parezca más a un ecosistema que al sistema habitual de producción puntual.
No sé exactamente hasta dónde llegará todo esto. Pero sí tengo claro algo: el teatro necesita estructuras que permitan crear con continuidad. Y en España eso sigue siendo una rareza.
Quizá por eso en TeatroLAB nos interesa tanto esa mezcla entre entrenamiento, investigación y producción. No como tres cosas separadas, sino como partes del mismo proceso.
Mientras escribo esto pienso que, en el fondo, todo este movimiento tiene que ver con una pregunta muy antigua: ¿Qué significa hoy pertenecer a una compañía de teatro?
Creo que en estos meses hemos dado algunos pasos importantes en esa dirección. Quedan muchos más. El teatro siempre está empezando.
Y quizá eso es lo que más me gusta de él.
Gabriel Olivares
Director artístico de TeatroLAB Madrid
