VIEWPOINTS, GROSS INDECENCY Y EL PÚBLICO por Gabriel Olivares
febrero 25, 2018 9:27 pm
“El siglo XIX fue un siglo de actores. El siglo XX fue un siglo de directores.
El siglo XXI será un siglo de espectadores.”
Durante los últimos años en TeatroLab hemos trabajado con distintas aplicaciones de los Viewpoints: como herramienta de entrenamiento, como método de creación escénica y como una forma orgánica de construir elenco. Su diálogo con el entrenamiento Suzuki se ha convertido, poco a poco, en uno de los rasgos que definen la identidad de la compañía.
Sin embargo, lejos de agotarse, nuestra curiosidad por esta herramienta nos llevó a preguntarnos algo nuevo:
¿Y si los Viewpoints no solo sirvieran para entrenar actores, sino también para entrenar espectadores?
O dicho de otra forma:
¿Se puede formar la mirada del público a través del cuerpo?
Hipótesis de partida
Nuestro experimento partía de tres hipótesis muy concretas.
La primera: el carácter deconstructivo de los Viewpoints los convierte en una herramienta privilegiada para comprender lo que sucede en escena. Cuando descomponemos el trabajo escénico en sus distintos elementos —tiempo, espacio, arquitectura, gesto, duración, relación— no solo entendemos mejor el teatro, también aprendemos a mirarlo de otra manera.
La segunda: para mirar distinto hay que implicar el cuerpo. No basta con entender intelectualmente lo que ocurre en escena; es necesario experimentarlo físicamente. La percepción no es solo mental: es espacial, motora, sensorial.
La tercera: la mirada es colectiva. El teatro no sucede en soledad. Miramos siempre con otros. La experiencia escénica se construye en una red de relaciones entre cuerpos, espacio y tiempo.
Estas intuiciones conectan profundamente con una idea que más tarde desarrollaría en mis investigaciones sobre Teatro Cuántico: la escena no es un objeto que el espectador contempla desde fuera, sino un campo de relaciones en el que todos los presentes participan.
El experimento: abrir el escenario
Este trabajo se llevó a cabo en el Teatro Fernán Gómez, durante la exhibición de nuestro espectáculo Gross Indecency, centrado en el proceso judicial contra Oscar Wilde.
Lanzamos una convocatoria pública para participar en un laboratorio compuesto por:
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Cuatro sesiones de práctica de Viewpoints
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Una quinta sesión final, tras asistir de nuevo a la función, dedicada a debatir sobre cómo había cambiado la mirada de los participantes.
Desde el primer momento decidimos algo fundamental: el público y los actores trabajarían juntos.
Abrimos el escenario donde cada noche se representaba el drama de Wilde para convertirlo en un espacio de experimentación compartida.
Los actores de Gross Indecency participaron en todas las sesiones junto a las personas del público.
Compartimos los dos elementos fundamentales sobre los que pivota el trabajo con Viewpoints: el espacio y el tiempo.
Profanar el espacio
La primera sesión comenzó recorriendo el escenario que el público había atravesado días antes… pero únicamente con la mirada.
Era necesario profanar el espacio teatral, romper la distancia entre platea y escenario y habitar el lugar desde otro lugar perceptivo.
Desde ese momento, todos los ejercicios se realizaron en grupos mixtos de actores y espectadores.
Durante cuatro días trabajamos con distintos Viewpoints:
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gesto
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topografía
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forma
- relación espacial
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arquitectura
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repetición
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duración
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velocidad
- respuesta kinestésica
Surgieron preguntas inesperadas:
¿Cómo se movía el siglo XIX?
¿Qué arquitectura corporal tenían los personajes de Wilde?
¿Cómo cambia una escena si modificamos su ritmo o su distancia?
Tras cada ejercicio aparecían reflexiones espontáneas. Algunos participantes recordaban escenas de otras producciones de la compañía, como Our Town. Otros hablaban de la percepción del espacio, de la velocidad o de cómo un pequeño gesto podía atraer su atención. Muchas de esas observaciones tenían que ver con algo esencial: la atención.
De la experiencia al lenguaje
Durante la cuarta sesión comenzamos a sistematizar todo lo vivido. Revisamos los ejercicios realizados y pusimos nombre a los distintos Viewpoints que habían aparecido de manera práctica durante el proceso. El objetivo no era teorizar el método, sino nombrar lo que el cuerpo ya había comprendido. Algo que también aparece en el trabajo que actualmente desarrollo en Teatro Cuántico: el conocimiento escénico no surge primero en la cabeza, sino en la experiencia física.
El pensamiento viene después.
La última sesión: volver a ver la obra
La experiencia culminó cuando los participantes del taller asistieron nuevamente a la representación de Gross Indecency.
Después nos reunimos para debatir sobre lo sucedido.
La pregunta era simple: ¿Había cambiado su manera de mirar la obra?
Los primeros en hablar fueron los actores del espectáculo. Comentaban cómo el taller había reforzado su confianza en esta herramienta y cómo les había emocionado la valentía de quienes se habían lanzado a la experiencia.
Para algunos intérpretes también supuso algo inesperado:
volver a sus orígenes, a su primer contacto con los Viewpoints. Después fue el turno del público.
Sus reflexiones fueron reveladoras:
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“Me han llegado cosas que antes se me escapaban.”
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“Me ha abierto la vista a detalles.”
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“Me he fijado en cosas en las que ni como actriz me hubiera fijado.”
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“Me sentía parte del espectáculo.”
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“Hay un antes y un después en la manera de ver.”
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“El escenario te arrastraba.”
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“La primera vez vi la función con la cabeza; esta vez la he recibido con el cuerpo.”
Estas palabras confirmaban algo que intuíamos desde el principio: la mirada también se entrena.
Hacia una nueva relación con el público
Durante esos cuatro días comprobamos que los Viewpoints no solo sirven para crear espectáculo o entrenar actores.
También pueden crear comunidad. Personas con trayectorias, profesiones y experiencias muy diferentes lograron construir en pocas horas un espacio común de percepción y escucha. Ese espacio compartido es, en realidad, el corazón del teatro. En el fondo, lo que estábamos explorando era algo que hoy forma parte central de nuestra investigación:
- El teatro no es únicamente una representación.
- Es un campo de energía entre actores y espectadores.
- Un espacio donde la atención, el tiempo y el cuerpo se sincronizan.
- Algo muy cercano a lo que hoy llamo Teatro Cuántico.
Un teatro donde la escena no se completa hasta que el espectador entra en ella con su mirada, su cuerpo y su imaginación.
Continuará…
Terminamos con una última sesión abierta de trabajo entre actores y público.
Y con una certeza:
aquello que sirve para actuar mejor también puede ayudarnos a mirar mejor. Seguiremos investigando. Porque quizá el gran desafío del teatro del siglo XXI no sea solo formar actores.
Sino formar espectadores capaces de habitar la escena con nosotros.
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